lunes, 4 de marzo de 2013

PRIVATIZACIÓN DEL CONOCIMIENTO Y ANIQUILACIÓN DE MENTES BRILLANTES


·       No considero que haya  una total libertad al momento de generar un proceso investigativo, dicha libertad se ve eclipsada por los diversos intereses inherentes a la creación científica, y los externos a ella;  el quehacer científico igual se ve lineado por sinnúmero de directrices propias del dogma o paradigma con el cual se trabaja y se pretende obtener un resultado objetivo. Sumado  a esto se contemplan barreras de tipo ideológico que impiden permear la investigación desde diferentes vertientes, en el caso del joven Hacker americano Aaron Swartz, era un completo sacrilegio irrumpir en bases de datos privadas y clasistas para extender su contenido a todo el público que  pudiese tener acceso a la información. Luego de haber contribuido en tanta medida al libre esparcimiento del conocimiento era ahora un objetivo militar, una amenaza contra la magnánima democracia que se jacta de promulgar el gobierno americano. Aaron nunca fue libre en su loable empresa de querer proveer ciencia gratuita a la humanidad.
  
Los ojos de los distintos estamentos gubernamentales, sociales o  particulares están siempre atentos y al asecho de tus procesos investigativos, temerosos de que en algún punto puedas abrir fisuras en sus densos y lúgubres sistemas, encontrar flaquezas o falencias en sus estructuras, divulgar y sacar a flote cuanta fractura haya en su núcleos;  atentos para que no puedas decir la verdad de todo lo que allí se lleva cabo. Ciertamente esta apreciación no ocurre en todas las latitudes o esferas de la creación científica, pero se conoce igual que la mano más pesada es aquella mano oscura que rige las riendas políticas y económicas del globo y que al final puede incidir en la muerte de una mente tan gigante como la de Aaron.   

Siempre estarás supeditado a regulaciones absurdas, antiéticas, o sencillamente reglas que no permitan un claro y objetivo proceso investigativo, normas coactivas que impidan el libre proceder del investigador, comenzando por nuestra psiqué, atestada de preconceptos y juicios de valor que tergiversan la pura fuente de la información.

Para empezar con un libre desempeño de tus facultades como investigador considero debes tener la menor carga posible de jueces y juicios que puedan trasgredir el estado más puro y primario del objeto de estudio. Tristemente concluyo que no puede haber una total o real libertad en un proceso investigativo debido a las diversas fuerzas que atañen a los interese intrínsecos que hacen parte del todo que se estudia o se trabaja. Al situarnos dentro de un sistema pluralista como este, al vernos adscritos a una asociación con este tipo de  características no debemos proceder de deliberada forma, porque el resultado será adverso a los propósitos con los que se había concebido el estudio, no hay tal libertad por el simple hecho de no encontrarnos solos, la organización –que no esta tan organizada-  llamada sociedad, limita y regula todo tipo de actuar, al momento de iniciar una investigación deben contemplarse todo tipo de variables con la intención de no perjudicar en algunos términos las condiciones de los demás. Se considera violentar algo cuando  avanzamos sin el consentimiento del semejante, es agresivo y lesivo cuando el resultado no es el esperado por el otro, cuando no se hizo en consenso y el producto fuese verídico o falso afecta las condiciones estables y confortables de ventaja que ha adquirido ese otro ser, que al igual que tú se halla ocupando un espacio común, un espacio que no se pretende ceder y compartir en totalidad.

·       Nunca he sido total partidario de que el suicidio pueda representar una óptima solución o salida a mis dificultades, he carecido de imaginación para poder dimensionar lo más cercano posible una situación donde me encuentre contemplando y planeando con seriedad el acto que diera fin a mi existencia.  Pero aproximándome lógicamente al caso de Aaron Swartz apoyo con cordura y respeto su decisión; incluso existen hipótesis que hablan no de un suicidio, sino de manos ajenas que finalizaron la vida del joven hacker. Y no precisamos de hipótesis y rumores para inferir que los representantes del gobierno  americano no escatimaron esfuerzos para hundir al hacker en todo sentido posible, tanto económico como psicológico.

Confieso carecer de ideas para alcanzar un breve pensamiento de Aaron, pero justifico que si en algún momento decidió quitar su vida, dadas las diversas variables en contra, a mi juicio seria  de alta comprensión no permitirme vivir una vida indigna, una cuasi vida tras los barrotes despojado de todas tus pertenencias y saturado de insultas amenazas, que no dejarían lugar a reposo alguno, no avalo por completo cuanta decisión conllevara a un triste final, pero admito – si se dio tal suicidio- Aaron no poseía muchos elementos que ayudasen a un avance positivo en su existencia sobre este planeta, el vulgar sistema judicial, de un amplio modo y descaro apoyo, asesinó toda esperanza de digna vida en el caso de este brillante joven que la historia nunca podrá reemplazar, semejante desperdicio auspiciado por las variadas instituciones que custodian la libertad y prosperidad del pueblo americano. Actos como este tendrán un precio alto para saldarse en los anaqueles justos de la historia.

Llueve sobre mojado y una vez más este crudo y nefasto sistema económico devela, sin importarle, desalmadamente sus fauces y siniestros intereses. La pregunta fue, que si a nuestro criterio Aaron había procedido éticamente, ello se puede contestar a mi parecer desde dos posiciones; la primera y la objetiva, manifiesta una perspectiva opuesta a los actos cometidos por el señor Swartz. No fue ético sustraer información “valiosa” de una serie de base de datos, que organizan y custodian el conocimiento científico elaborado por las diversas comunidades académicas alrededor del mundo.

La ética que nace de la construcción y evolución social, está supeditada por ende a esta, a toda su estructura legal, religiosa, económica y política. La ética baila en el frenético vaivén económico, en la indómita marea de fiducias y probabilidades; la bursátil ética fue violata por la genialidad de un Robin Hood cibernético. Aquí es donde puedo responder con la segunda posición, que dista siglos del marco legal y constitucional de muchas naciones. Una posición subjetiva que subvierte la anterior, es la antítesis de lo que muchos documentos e instituciones gubernamentales consideran como legal; porque Aaron frente a estos estamentos sencillamente robó y debía condenarse con absurdas y humillantes multas, sumado a una sentencia carcelaria inexplicable para este caso.

Considerando lo que podría representar la ética en nuestra sociedad, concluyo que el señor Swartz no fue ético, por consiguiente, no puedo ser ético igual; simpatizo completamente con lo realizado por Aaron, incluso digo que es nada ético –en mis términos- acorralar a Aaron con el FBI a bordo y todos sus secuaces, con el objeto de intimidar y humillar al hacker en una reprimenda sin igual, llevándolo posteriormente a un dudoso suicidio, aterrorizándolo pienso, con el objeto de exponerlo como un mártir y ejemplo hacia todos los hackers del planeta, para escarmentarlos y enviarles el brusco mensaje de desistir en sus empresas subversivas y emancipadoras; campañas que arduamente se enfrentan y desafían al sistema corruptoy devorador.

Seguramente para muchos totalmente equivocado considero que,  de real ética el hecho de intentar poner el conocimiento en manos y ojos de cuanto quisiese aprenderlo, de todo cuanto quisiera apreciarlo y buscar el saber. Ese saber que no puede ser de unos pocos, pocos que vilmente pretenden engrosar sus arcas sin importar las dinámicas externas a las casa publicistas y editoras. Si bien una producción científica es de considerables costos para la obtención de resultados, no explica que se desate todo un festín privado donde los únicos invitados sean quienes cuenten con los más latos recursos. Se privatiza el conocimiento y el saber pasa a ser un producto más del apreciado capitalismo.

Constreñido por las absurdas amenazas y espaldarazos de algunos conocidos, Aaron decide no habitar más estos lindes donde pagaría con su dignidad y libertad una existencia vacía. Vacía ya que la contraparte exigía retribuciones inalcanzables para el joven, quien en su corta existencia había dado buena parte de sus bienes a la propagación gratuita del conocimiento.

Si fue ético o no, es probable que ya no importe, en este instante quizá ya pocos recuerden el evento. Indignante nuestra capacidad retentiva, de sumo cuidado el instante y si es confortable y acaudalado mejor. Una brillante mente como la de Aaron aniquilada por tocar los bolsillos indebidos, el FBI y los diversos estamentos implicados realizaron su canalla tarea y hasta el momento nada se dice, todo normalmente realizado dentro de los marcos legales, cuando  en el mundo genocidas e infames destruyen países y no existe FBI que los controle e intimide, infames que controlan las sucias arcas del capitalismo.

Como bien se sabe para muchas instituciones Aaron fue nada ético,  fue un ladronzuelo más y fue exhibido como un botín de guerra, como un sucio ejemplo terrorista para atemorizar a quienes buscan quitarnos la venda y permitirnos entender con un poco más de claridad, la sucia realidad en la que nos han sometido, una triste e infame historia bursátil.