martes, 30 de octubre de 2012

LA CARTA DE G Y LAS TANTAS MIAS



Siempre quise ser como Dupin, astuto, sagaz, incisivo y profundo en todas sus apreciaciones; siempre he querido alcanzar ese estadio mental que ostenta Dupin, aunque confieso ubicar allí una pequeña disyuntiva: no me puedo ver aun –aunque haya querido- despertando y durmiendo entre los libros, aun sabiendo que ese es la vía, el camino para… para parecerme a Dupin.
Debo admitir que me falta disciplina, pasión, concentración, aptitudes más que actitudes de un real lector, de un monstruo colosal, lleno de valor y curiosidad, todo un aventurero! Como diría Nietzsche; me encuentro en un punto donde debo poner sumo cuidado, donde deba invertir gran cantidad de lo que reste en forma como buen lector, como buen observador, dedicado, temerario, persistente, curioso y testarudo como diaria Einstein, obstinado en formar esta pequeña rutina en mejores hábitos académicos.
No me puedo permitir como aquel policía francés, enfrascarme en mi corto y menudo pensar, en mi falsa concepción de mi amplio intelecto; anquilosarme en aquellos pobres preconceptos que datan de tristes épocas y empolvados anaqueles, o pueden que fuesen de mejores tiempos pero sin darles la potestad absoluta de controlar y predecir cada evento en este mundo. La invitación es a mirar cada esfera posible desde cada posición posible (desde la más humilde si se puede). Una vez pensada acabada la idea, decirme no! Mentiras, existen otras posibles versiones y probabilidades, que la doxa no me permee, y no sentarme con juicio tan pesado de inmóvil gigante montaña a juzgar desde lo obtuso, como podría ser todo cuanto  me rodea, cada peculiar evento a través de mi sucio lente, saturado de ideas, vacuas experiencias y peor aún de vulgares dogmas que me impulsen a parir siempre juicios de valor donde no habría que hacelo.
Considerarme tan entendido que ya sería ciego, cegado frente a la realidad del entorno, cegado por mi prepotencia, pedantemente creyendo  superioridad por haber leído unos libracos que me mal entendidos me permitan obviar lo que está más próximo a mi nariz, que tenga tan perturbados los ojos que no pueda ver lo evidente, que en los peores casos me atreva a subestimar el talante e intelecto de mis cercanos y  lejanos, que por el hecho de poseer cierto recorrido en algunas pocas avenidas considere haberme recorrido el mundo, presuponiendo como actúan y piensan los demás. Peligrosamente engreído para poder observar con detenimiento y sutileza este espectro que cada vez se amplía con diligencia y el enemigo ajustando y ubicando sus fichas y jugadas donde no pueda siquiera verlas, porque de antemano pensare que mi ilustrado razonar encontrara todo cuanto quiero, pero no! El mundo y sus fantasmas dúctilmente sabrán esconderme todo en el lugar menos pensado sino me hago las preguntas correctamente, se ensañarán en continuar ocultando de mi corta vista la “realidad”.
Tan distante estaré de la realidad procediendo en formas tan recherche, tan embriagado de falso conocer que la respuesta podría estar pegada a mi frente y nunca podría pensar en espejos o simples consejos que acompañaran y guiaran mi triste pensar.
Nada es más odiado por la sabiduría, que el exceso de astucia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario