Siempre quise ser como Dupin, astuto, sagaz, incisivo y
profundo en todas sus apreciaciones; siempre he querido alcanzar ese estadio
mental que ostenta Dupin, aunque confieso ubicar allí una pequeña disyuntiva:
no me puedo ver aun –aunque haya querido- despertando y durmiendo entre los
libros, aun sabiendo que ese es la vía, el camino para… para parecerme a Dupin.
Debo admitir que me falta disciplina, pasión, concentración,
aptitudes más que actitudes de un real lector, de un monstruo colosal, lleno de
valor y curiosidad, todo un aventurero! Como diría Nietzsche; me encuentro en
un punto donde debo poner sumo cuidado, donde deba invertir gran cantidad de lo
que reste en forma como buen lector, como buen observador, dedicado, temerario,
persistente, curioso y testarudo como diaria Einstein, obstinado en formar esta
pequeña rutina en mejores hábitos académicos.
No me puedo permitir como aquel policía francés, enfrascarme
en mi corto y menudo pensar, en mi falsa concepción de mi amplio intelecto; anquilosarme
en aquellos pobres preconceptos que datan de tristes épocas y empolvados
anaqueles, o pueden que fuesen de mejores tiempos pero sin darles la potestad
absoluta de controlar y predecir cada evento en este mundo. La invitación es a mirar
cada esfera posible desde cada posición posible (desde la más humilde si se
puede). Una vez pensada acabada la idea, decirme no! Mentiras, existen otras
posibles versiones y probabilidades, que la doxa no me permee, y no sentarme
con juicio tan pesado de inmóvil gigante montaña a juzgar desde lo obtuso, como
podría ser todo cuanto me rodea, cada
peculiar evento a través de mi sucio lente, saturado de ideas, vacuas experiencias
y peor aún de vulgares dogmas que me impulsen a parir siempre juicios de valor
donde no habría que hacelo.
Considerarme tan entendido que ya sería ciego, cegado frente
a la realidad del entorno, cegado por mi prepotencia, pedantemente creyendo superioridad por haber leído unos libracos que
me mal entendidos me permitan obviar lo que está más próximo a mi nariz, que
tenga tan perturbados los ojos que no pueda ver lo evidente, que en los peores
casos me atreva a subestimar el talante e intelecto de mis cercanos y lejanos, que por el hecho de poseer cierto
recorrido en algunas pocas avenidas considere haberme recorrido el mundo,
presuponiendo como actúan y piensan los demás. Peligrosamente engreído para
poder observar con detenimiento y sutileza este espectro que cada vez se amplía
con diligencia y el enemigo ajustando y ubicando sus fichas y jugadas donde no
pueda siquiera verlas, porque de antemano pensare que mi ilustrado razonar encontrara
todo cuanto quiero, pero no! El mundo y sus fantasmas dúctilmente sabrán
esconderme todo en el lugar menos pensado sino me hago las preguntas
correctamente, se ensañarán en continuar ocultando de mi corta vista la “realidad”.
Tan distante estaré de la realidad procediendo en formas tan
recherche, tan embriagado de falso conocer que la respuesta podría estar pegada
a mi frente y nunca podría pensar en espejos o simples consejos que acompañaran
y guiaran mi triste pensar.
Nada es más odiado por la
sabiduría, que el exceso de astucia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario