domingo, 4 de noviembre de 2012

PREGUNTAS ESTUPIDAS??


Otro documento para ponerte a pensar,-que bien!!!- otra que lectura que te expande  el espectro sobre la insuficiencia de nuestra capacidad o incapacidad cognitiva, bien, considero que realmente no carecemos de herramientas en la totalidad del caso, se nos han sido escondidas, se nos han puesto en un lugar donde se nos dificulta alcanzarlas, se nos es extrañamente permitido aprehenderlas y usarlas, se nos presentan de formar tan tediosa que nos produce casi desidia poder procesarlas, palparlas, admirarlas –quererlas-  a mi parecer data del vil proceso ejecutado por los brazos invisibles que mueven y suciamente monopolizan  las dinámicas mundiales, dinámicas de cualquier orden; -no les gusta que sepamos, no les gusta que enterados estemos de nuestro entorno, no les gusta que con nuestro conocimiento en construcción observemos dicho entorno y lo critiquemos en pro de mejoras y bienestares los más cercanos a la igualdad.
Me gusta como Sagal aborda el surgimiento de técnicas avanzadas que denotaban desarrollo y progreso en la psique del hombre primario, estas prácticas que fueron acompañadas de un buen método, de un ejercicio continuo de prueba y ensayo, de éxitos y errores para configurar el nacimiento de la ciencia humana, me agrada como esboza con un claro recorrido desde la etapa en que el homínido, con palos y piedras  lograba elaborar herramientas para poder alimentarse, procesos que continuó evolucionando hasta encontrarse inmerso en una revolución industrial. Pero  me agrada aun más cuando se detiene a preguntarse que ha podido pasar con los científicos americanos de antaño, ha transcurrido tiempo considerable y no hay vestigios de progreso como solían hacerlos ciertas figuras del pasado que con su aporte cambiaron el mundo, nuestra visión del mundo y sus componentes.  Y así suavecito y despacito, desglosando variados episodios de nuestro trasegar ha llegado a conclusiones tan elocuentes sobre nuestro sistema educativo en general que no cabe la menor duda del temeroso retroceso que hemos llevado a cabo, posicionándonos  en una penosa condición casi de analfabetismo, Carl centra su explicación en una comparación realizada entre el alarmante estado de escolaridad y cientificidad que ostentan los centros académicos en general de estado unidos frente a diferentes grupos de estudiantes ubicados en otras latitudes del planeta. Me llama mucho la atención las cifras que Sagal plasma sobre el papel, peligrosos números que reflejan un estado intelectual cada vez más triste y decadente.
Que bonita tarea incluso la de invitar a la comunidad científica,en especifico la de Norteamérica para dar a conocer su producción, su esencia y ponerla al conocimiento de toda la sociedad si así fuese posible; darle pautas al científico de cómo poder ser visto, escuchado, entendido por un  amplio público, sin rezagarse aun mas entre los empolvados instrumentos, pesados procesos y solitarios recintos que ofrece la imagen de ser científico. Invitar igual al estudiantado que exponencialmente se hunde en el abismo de la ignorancia, te convida a generar una amplia y solida cultura de lectura para poder entender todas las relaciones y fenómenos que se afianzan en los diferentes aspectos de nuestro cotidiano, me atrae la idea de pensarme un mañana más inclinado hacia el cuestionamiento constante de nuestra estructura humana, fuese cual fuese el andamiaje, preguntarme de forma honda cual es mi posición y propósito en este mundo, sin entrar por lo pronto en discursos existencialistas, solamente preguntarme con la pausa adecuada por todo cuanto pueda. De esta forma rescato y le doy un alto relieve a las palabras de Sagal que de forma clara y fluida nos motivan a un asombro continuo, una vez más una alentadora invitación para con alma de niño, escudriñar, curiosear y aventurarme en el vasto océano de las ideas, en el apasionante mundo del conocimiento, de la mano de la señora ciencia  que bien entendida podrá darnos un hermoso despertar, un magnifico asombro y compañía.
Que grato seria poder ver y sentir algún día, que nuestros hijos y cercanos se encuentran en un estadio de perpetuo aprendizaje, que les veamos siempre motivados en el feliz andar del conocer, que aquel conocimiento no les sea otorgado en piezas varias, mutilado, a cambio de un objeto que supla las veces de dinero, que tengas que pagarlo, para que sea medianamente representativo o significativo en tu vida, que opuestamente debas realizarlo para figurar dentro de un sistema que te abstrae y te anula tal cual quieras ser, que se te sea impuesto como requisito para ser “alguien” entre el divagar de las  vacuas y efímeras cosas, un sistema estudiantil que antes de formarte y realizarte (de aportarte lo sublime del conocerte) te cosifica y te inscribe en un eterno listado de entes reproductores incapaces de preguntarse por aquellas pequeñas y al mismo tiempo gigantes cosas que te pondrían a soñar, a sonreír con toda la galaxia, con cada universo que reside en cada átomo.  Así que no importa si al pensarme y preguntarme me llamen estúpido, lo seré cuando deje de hacerlo.           


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