Otro documento para
ponerte a pensar,-que bien!!!- otra que lectura que te expande el espectro sobre la insuficiencia de nuestra
capacidad o incapacidad cognitiva, bien, considero que realmente no carecemos
de herramientas en la totalidad del caso, se nos han sido escondidas, se nos
han puesto en un lugar donde se nos dificulta alcanzarlas, se nos es
extrañamente permitido aprehenderlas y usarlas, se nos presentan de formar tan
tediosa que nos produce casi desidia poder procesarlas, palparlas, admirarlas
–quererlas- a mi parecer data del vil
proceso ejecutado por los brazos invisibles que mueven y suciamente monopolizan
las dinámicas mundiales, dinámicas de
cualquier orden; -no les gusta que sepamos, no les gusta que enterados estemos
de nuestro entorno, no les gusta que con nuestro conocimiento en construcción
observemos dicho entorno y lo critiquemos en pro de mejoras y bienestares los
más cercanos a la igualdad.
Me gusta como Sagal
aborda el surgimiento de técnicas avanzadas que denotaban desarrollo y progreso
en la psique del hombre primario, estas prácticas que fueron acompañadas de un
buen método, de un ejercicio continuo de prueba y ensayo, de éxitos y errores
para configurar el nacimiento de la ciencia humana, me agrada como esboza con
un claro recorrido desde la etapa en que el homínido, con palos y piedras lograba elaborar herramientas para poder alimentarse,
procesos que continuó evolucionando hasta encontrarse inmerso en una revolución
industrial. Pero me agrada aun más
cuando se detiene a preguntarse que ha podido pasar con los científicos
americanos de antaño, ha transcurrido tiempo considerable y no hay vestigios de
progreso como solían hacerlos ciertas figuras del pasado que con su aporte
cambiaron el mundo, nuestra visión del mundo y sus componentes. Y así suavecito y despacito, desglosando
variados episodios de nuestro trasegar ha llegado a conclusiones tan elocuentes
sobre nuestro sistema educativo en general que no cabe la menor duda del
temeroso retroceso que hemos llevado a cabo, posicionándonos en una penosa condición casi de analfabetismo,
Carl centra su explicación en una comparación realizada entre el alarmante
estado de escolaridad y cientificidad que ostentan los centros académicos en
general de estado unidos frente a diferentes grupos de estudiantes ubicados en
otras latitudes del planeta. Me llama mucho la atención las cifras que Sagal
plasma sobre el papel, peligrosos números que reflejan un estado intelectual
cada vez más triste y decadente.
Que bonita tarea
incluso la de invitar a la comunidad científica,en especifico la de
Norteamérica para dar a conocer su producción, su esencia y ponerla al
conocimiento de toda la sociedad si así fuese posible; darle pautas al
científico de cómo poder ser visto, escuchado, entendido por un amplio público, sin rezagarse aun mas entre
los empolvados instrumentos, pesados procesos y solitarios recintos que ofrece
la imagen de ser científico. Invitar igual al estudiantado que exponencialmente
se hunde en el abismo de la ignorancia, te convida a generar una amplia y
solida cultura de lectura para poder entender todas las relaciones y fenómenos
que se afianzan en los diferentes aspectos de nuestro cotidiano, me atrae la
idea de pensarme un mañana más inclinado hacia el cuestionamiento constante de
nuestra estructura humana, fuese cual fuese el andamiaje, preguntarme de forma
honda cual es mi posición y propósito en este mundo, sin entrar por lo pronto
en discursos existencialistas, solamente preguntarme con la pausa adecuada por
todo cuanto pueda. De esta forma rescato y le doy un alto relieve a las
palabras de Sagal que de forma clara y fluida nos motivan a un asombro
continuo, una vez más una alentadora invitación para con alma de niño,
escudriñar, curiosear y aventurarme en el vasto océano de las ideas, en el
apasionante mundo del conocimiento, de la mano de la señora ciencia que bien entendida podrá darnos un hermoso
despertar, un magnifico asombro y compañía.
Que grato seria poder
ver y sentir algún día, que nuestros hijos y cercanos se encuentran en un
estadio de perpetuo aprendizaje, que les veamos siempre motivados en el feliz
andar del conocer, que aquel conocimiento no les sea otorgado en piezas varias,
mutilado, a cambio de un objeto que supla las veces de dinero, que tengas que
pagarlo, para que sea medianamente representativo o significativo en tu vida,
que opuestamente debas realizarlo para figurar dentro de un sistema que te
abstrae y te anula tal cual quieras ser, que se te sea impuesto como requisito
para ser “alguien” entre el divagar de las
vacuas y efímeras cosas, un sistema estudiantil que antes de formarte y
realizarte (de aportarte lo sublime del conocerte) te cosifica y te inscribe en
un eterno listado de entes reproductores incapaces de preguntarse por aquellas
pequeñas y al mismo tiempo gigantes cosas que te pondrían a soñar, a sonreír
con toda la galaxia, con cada universo que reside en cada átomo. Así que no importa si al pensarme y
preguntarme me llamen estúpido, lo seré cuando deje de hacerlo.
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