domingo, 4 de noviembre de 2012

Sobre la lectura


Diculpáme si soy de corte muy subversivo, de antemano quiero destacar lo importante que son los temas abordados por doña Consuelo en su texto, pero hallo directa relación entre el rol del investigador, investigar y sus variantes con el texto de Zuleta; en realidad todo se relaciona con todo –mil gracias por el ejercicio- se me hace súper didáctico y de muy buena pedagogía, asi que,  a lo que quería llegar y me corregís y me decís si debo pasarte igual la reflexión o  entrada de Consuelo; pero me veo supremamente atraído por el texto de Zuleta, fue con el cual más simpaticé y me identifique, aunque develo en mí una vieja y tediosa compañera, una buena grieta en mi ser, y me gustaría comenzar así.
Gracias Zuleta por decirme que no sé leer, pero más que eso, más allá de esto, invitarme enseñarme  como puedo lograrlo, como puedo aprender a leer, gracias por las sonrisas y fruncidas de ceño  despertadas. Hace ya buen rato no me divertía recorriendo sitios y letras, no porque no hubiesen medios, sino por mi imperdonable pereza; agradezco tanta armonía, tanta cohesión, mano y voz firme para escribirlo o decirlo; gracias igual a vos Rommel por permitirme negociar el contenido de la actividad, ósea el texto de Consuelo a este, que a mi parecer posee kilómetros de tela para cortar como decían los abuelos. Y entonces vuelvo y me pregunto: como me hago investigador si no se leer? Si no se elaborar un código particular -del que habla Zuleta- buscado en cada libro para poderle entender su espíritu, lo que quiere compartir con nosotros o en el caso esencial, de lo que está hecho, no es más, sino su estructura, sin adornos y accesorios.
Tema complejo aquel que me propone elaborar, encontrar, crear un único código con el texto y su simbología, código que me permita entender la renuencia o negación a la adaptación, un código que me deje comprender la ausencia de motivos para continuar viviendo o la fabulosa fiesta que propone el capital de Marx. Me confieso un tanto torpe creativamente para dar vida a un lenguaje singular que me conecte en totalidad con el texto y posiblemente con lo que el autor quiso decir. Zuleta nos dice que no hay lecturas fáciles, sino lectores cómodos, lectores que piensan comprender lo que leen pero ni cuenta se dan de su incomprensión; y que cosa motivante y fascinante saber que frente a mí se encuentra un reto, todo un mundo por descubrir; creo que aquí ubico un fuerte, toda una ventaja y no es simple ego en ínfulas de prepotencia, no! Como en el futbol, mientras más complejo sea la dinámica del juego y el adversario más fuerte, más emociónate será para mi el desenlace.
Pese a cuanto esfuerzo y desdén se haya manifestado en las aulas por parte de los “ profesores” para entorpecer, o no! – buena tarea- de anular nuestra capacidad y curiosidad hacia al mágico mundo de los libros, no me he dado por vencido, no declino en la firme intención de aprender a leer, y créanme lo hago, pero no como debería, sin método, espontáneamente, sin disciplina, solo lo que considero divertido. Y de momento, dejando de bobadas sabemos que existen escritos extremadamente tediosos, anquilosados en la vastedad del aburrimiento, sumado a esto nuestra carencia de herramientas para desarmar aquellas oxidadas piezas que conforman ese tipo de lectura, nuestra incapacidad para construir esos códigos que nos descifren el texto y nos permitan el dialogo ameno con su estructura, con su mensaje; faltos de areté, de trabajo concienzudo, de profunda disposición al aprendizaje.
En esta lectura ubiqué igual un aspecto de alta intriga para mí, que me pone a pensar en el espíritu y magnitud del mismo escrito y es la parte que ahonda en la idea de que el texto se escapa a las cosas, a las intenciones de decir algo por parte del autor, se me hace tan denso y asombroso este tópico, este hecho de que el escrito posea una entidad o un valor superior a lo que sencillamente el autor pretendía; este ya no es de su propiedad, incluso el texto se apropia de nada, no puede ser la apropiación de un saber en general, el texto es aventura, es la invitación a como el niño sale y confronta el mundo y curioso cuestiona y hacedor de cuanta pregunta elabora una de tantas perspectivas sobre la realidad, no se preocupa por tener el poder total de la esquiva verdad; hace cuanta pregunta tomando el tiempo que sea necesario, si queres como las vacas que tanto agradaban a Nietzsche, rumiantes, sentados con calma una y otra vez, sin afanes, apartándonos del vulgar lenguaje, y sobre todo con la entera disposición y curioso proceder de trabajar con ahínco y paciencia. Que propuestas tan dicientes y poco convencionales, que cosa como de mágico libro me han presentado Rommel y Zuleta basados en Nietzsche para poder abordar un grueso de la sociología, porque siendo sensatos desde ya necesitamos saber leer, leer para sumergirnos en las juguetonas aguas de esto que se hace llamar sociedad.
Me siento como recién graduado de bachiller, creo que hago mucho énfasis en nuestras falencias, apelo mucho a nuestra ignorancia, pero no dejo de lado, no voy a desvirtuar la importante tarea que Zuleta realizó al invitarnos a crear una cultura cimentada en el leer, leer para aprender, leer para viajar, leer para asombrar, leer para soñar, leer para visitar nuestros propios abismos, leer para llorar y sonreír, leer para crear y algún posible día todo esto compartir.      
   

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